Todos los que conocieron en vida a Andrés Segura, entre los que me encuentro, siempre recordarán a un hombre bueno (aquel que todo el mundo sabe que lo es y no se le conocen enemigos). Trabajador, afable, buen conversador, amigo de sus amigos (que no eran pocos) y centro de una familia que le adoraba, su mujer y sus tres hijos (Mavi, Sara y Andrés).
Siempre me ha llamado la atención que todas las fotos que vi de Andrés estaba rodeado de cariño y amor de su familia, Sus hijos y nietos se lo “comían” literalmente a besos
Andrés ganó muchas batallas en la vida, sacó adelante una familia en tiempos en los que no sobraba nada y tuvo la satisfacción que una de sus hijas se licenció en Farmacia. Recuerdo que me contaba que una de las cosas que más orgullo le produjo fue cuando su hija acabó los estudios de Farmacia, aunque quería a sus tres hijos por igual.
Andrés y su mujer, trabajadores durante toda su vida, no dudaron en ayudar a su hija Mavi para adquirir una farmacia en un pequeño pueblo de Teruel, con mucho esfuerzo. Años después esta recién licenciada aterrizó en Zaragoza, capital de Aragón, donde abrió Zaragoza Farma.
Tras toda una vida batallando a Andrés le falló la salud y perdió la batalla para la que nunca estamos preparados. Es así, la vida es ingrata. Durante el tiempo de su enfermedad una de sus hijas, Mavi, tomó la decisión de que el apellido de su padre perdurará en su Farmacia que tras una reforma ha pasado de llamarse Zaragoza Farma a denominarse Segura Farmacia.
El tiempo, que jugó en su contra, hizo que Andrés Segura no llegará a ver la reforma de la Farmacia de su hija ni el cambio de nombre. Finalmente ha sido inaugurada, y es quizá el mejor homenaje póstumo a Andrés y también a su mujer y viuda.
Fotografías: Familia Segura






